Qué hay detrás de la real performance prometida en esta clase de activo
La Deuda Privada se ha posicionado como una de las clases de activo más atractivas en carteras institucionales, ofreciendo retornos superiores a la renta fija tradicional en un entorno de tasas más altas. Sin embargo, detrás de cifras cercanas al retorno ofrecido anual existen riesgos relevantes que no siempre son evidentes: Iliquidez, defaults y estructuras complejas. En este newsletter analizamos cómo funcionan los fondos de private debt, por qué han ganado protagonismo y qué aspectos deben evaluarse en un correcto due diligence de inversiones para integrarlos de manera responsable en un portafolio diversificado.
El rol de la deuda privada en una construcción patrimonial robusta
En los últimos años, la deuda privada ha ganado protagonismo como alternativa a la renta fija tradicional. Mayor y más profunda regulación, empresas medianas con mayores necesidades de financiamiento y un entorno de tasas más altas han creado un espacio propicio para que fondos de deuda privada ofrezcan préstamos directos, generalmente a tasas superiores a las disponibles en el mercado público. Para el inversionista, esto se traduce en atractivos retornos y menor sensibilidad a movimientos diarios de mercado.
A diferencia de la renta fija tradicional la deuda privada, sin considerar los fondos semilíquidos, no se transa en mercados líquidos o por bolsa. Los préstamos suelen estructurarse a medida, con tasas flotantes, colaterales específicos y covenants más estrictos. Esta personalización explica parte del premio por retorno, pero también agrega una diferencia clave: la valoración no es diaria y la liquidez es limitada. Mientras un bono puede venderse en el mercado secundario, una posición en deuda privada suele mantenerse hasta vencimiento o depender de ventanas de rescate acotadas.
Los principales riesgos de esta clase de activo son menos visibles. La iliquidez es estructural y debe ser compatible con el horizonte del inversionista.
A esto se suma el riesgo de default del subyacente y, especialmente, la tasa de recuperación o recovery rate en escenarios adversos. No todos los fondos gestionan estos riesgos de la misma forma: la experiencia del gestor, la diversificación del portafolio, la calidad de los colaterales y la disciplina en origen son factores determinantes para el resultado final.
Su creciente popularidad en carteras institucionales responde a una combinación clara: mayor retorno esperado, menor volatilidad observada y baja correlación con activos tradicionales. Sin embargo, el atractivo del “8,0%” no debe evaluarse de manera aislada.
La deuda privada no reemplaza a la renta fija pública, sino que la complementa, aportando una fuente adicional de retorno para portafolios con visión de largo plazo y capacidad de asumir menor liquidez.
La clave está en entender qué hay detrás del rendimiento prometido y en integrar esta clase de activo dentro de una estructura coherente de riesgos y objetivos.